Una de las discusiones más entretenidas que tuve el año pasado comenzó en la cafetería de la facultad de filología, recuerdo que era enero porque la humedad se escurría por entre las aulas, yo terminaba de descubrir la delicia en lo simple gracias a unas rosquilletas de chocolate y me encerraba en mi improvisado escritorio donde una pantalla me transportaba a los apuntes de la clase anterior.
De la nada, como en las grandes tramas, apareció un chico cuyo novio estudiaba conmigo. Me buscó la mirada y entre intentos fallidos de defender mi privacidad lo invité a sentarse conmigo.
Esta parte aparece borrosa, tal vez ejercí un rol protagónico, tal vez me comporté como reportera expectante, sólo sé que nos estancamos en el tema Petrarca.
Apasionado él.
Un hombre enamorado de otro que defendía el romanticismo elegante dentro de un contexto que aún no entendía. Yo hace un año pensaba que el amor de Petrarca era conformista, lejano, que crecía entre persianas y se alimentaba de pretextos. Yo pensaba que un amor con peros era, en definitiva, un insulto a la esencia del mismo.
Que amar es nunca decir lo siento.
Él, en casi 45 minutos de espera, me contó una historia de terror con final feliz, fue como el borrador de un híbrido guión despreciado por la crítica, despreciado por no seguir un patrón comercial.
No me gusta lo comercial. Lo comercial me intimida y lo evito.
Básicamente, su tenor era defender un amor imperfecto y a la vez hermoso dentro de su imperfección. Ideas como esas no son fáciles de asimilar, ¿Lo más hermoso puede ser imperfecto? ¿Sería necesario que falle algo para hacerlo completo? ¿Y si es perfecto está condenado a no ser lo más elevado?
No entendía el trasfondo. Cuando no entiendo algo lo dejo reposar hasta que el blink se manifiesta justo frente a mis ojos.
Tanto reposó que casi lo dejo olvidado.
El blink tardó un año y hoy, mientras revisaba documentos pasados encontré en un archivo sin título:
"Además ahora, parece que debo tener un mundo ideológico en mi contra para reconocer el amor imperfecto. Resulta que esa imperfección es apasionante para muchos, yo no quiero pasión mediocre, Señorito Petrarca"
Quien escribió eso estaba claramente confundida, hoy lo vé todo en múltiples dimensiones, camina oliendo cada paso, escuchando cada detalle, se ha dejado ser, estar y parecer.
Irónico, lo sé. Pero ahora lo entiendo.
Y es maravilloso comprenderlo justo cuando debo, justo cuando me hace falta, ¡Amar claro que es decir lo siento! Es equivocarse una y otra vez sin querer hacerlo, sufrir por detalles que hieren al amado sin percibirlo, sufrir de corazón y sentir la propia ausencia en pecho ajeno. Es tormenta compartida, es darse paz y permanecer en medio de la guerra, saber que siempre tras un ceño fruncido hay un beso esperando paciente. Conocer tus lados oscuros a través del otro y verte plenamente, aceptado en lo humano y lo divino, reconociéndose una y otra vez tras la neblina que el mundo crea permanentemente. Amar es un constante querer, donde una propia existencia no es suficiente para ser a plenitud. Donde la boca del estómago reclama algo que no está al alcance de tus manos y que es imposible llenar a menos que estés.
No estás.
La imperfección está presente cuando no estás aquí. Cuando no estoy allá. La imperfección que genera sed de tí, sed de intentarlo incansablemente hasta que de llegar a tanta profundidad terminemos absorbidos por eso que creamos por y para nosotros.
"Bendito sea el año, el mes, el día"
Si, lo sé!! lo sé, lo sé! Lo cito, porque sin ese año, mes y día no hubiera entendido su soneto. Bendito entonces éso y todo, todo lo demás!!!
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