Saturday, January 23, 2010

Sábado de seminario


Hoy me desperté a toda prisa saboreando la lentitud de ayer.

Tenía seminario a las 9, sin embargo, eran las 8 y estaba jugando con el vaho pseudo tabaquero que el frío creaba para hacerme reir. Jugaba al lado de la puerta por la que entraban expositores y expectadores. Ahora sé reconocerlos, los conocedores de algún tema, los especialistas, suelen entrar sin mirar a la gente, van repasando en silencio lo que van a decir aunque sólo repitan mentalmente "improvisaré", entran con una mueca de seguridad que, aunque hayan practicado por años, esconde chispitas de rubor que saben disimular. Por eso no buscan miradas, para parecer tímidos, inseguros, para darnos la oportunidad de subestimarlos antes de pisar el escenario y finalmente (Zum!) asustarnos al ver cómo cautivan el ambiente.

Los expectadores somos diferentes, vamos buscando señales, nos preparamos desde salir de casa para estar atentos a cada detalle, nos gusta percibir lo mínimo de lo ensayado, los errores de lo seguro.

El alivio es que todos somos expectadores y expositores en algún momento, vamos representando (si, si, representando) una otra vez diferentes roles, irrepetibles por únicos e irreconocibles por lo mismo. Es lo brillante de ser humano.

Casi 2 horas de discurso, pero no uno seco que moría en el aire sino uno delicioso, uno donde asentir y negar con la cabeza era fácil y casi inevitable.

Me gusta sentarme cerca del escenario. Somos pocos, la mayoría o va al fondo donde es imposible ser observado y a la vez concentrarse, o en el medio donde te distraen algunos movimientos pero gozas de la continua mirada del experto erguido.

La verdad, no sé cómo, pero cuando alistaba las cosas para salir, sentí un codo en mi codo y al girar todos me miraban, el erguido se inclinaba al vacío y mostraba sus dientes a mi cara.

"Escuchad a", dijo el hombre con gafas que permanecía sentado en la mesa de honor (menudo nombre! mesa de honor. ¿Acaso hay alguna mesa de deshonor? y de existir, ¿alguien tendría tanto valor para sentarse en ella? y si lo hiciera, ¿su valor no sería una cachetada para la etimología que nombra esa mesa?) tenía poco pelo y se lo repeinaba cada vez que podía, más o menos cada dos minutos sí y cada otros dos, también.

En el segundo que todos esperan oír mi nombre, millones de pensamientos pasaron bailando polca por mi cabeza.

Pensé en decir mi segundo nombre ya que pocos pronuncian bien mi favorito (Friolera, Frijolera, Friela, Frorela) , si me invitaran a subir qué debería hacer ya que no había preparado nada, tal vez subiría las escaleras sin mirar a nadie, repitiéndome en silencio "improvisaré", debería mirar al horizonte donde seguro estarían los ojos de los que se sientan al medio, dejaría mi bolso al lado del chico que con su codo tocó mi codo pero antes debería esconder mi libro de turno, si, no me gusta que sepan lo que leo, debería hablar despacio para que no se aburran pero tampoco tan de prisa, odiaría converirme en música de fondo de ojos en blanco. Sonreiría para mostrarme segura, pero tampoco tanto que me vea superficial, terminaría mi espontánea charla con alguna frase brillante, pero no tan brillante como una cita porque parecería una estudiosa compulsiva. Sí eso haría.

"Fiorella"

Como bien predije me invitaron a subir. "Contar la experiencia", le llaman.

Eso sí, pese a todo pronóstico, no pensé en las cuestiones que me había hecho minutos antes, simplemente me dejé ser, estar y parecer. ¡Qué rico! Ser, estar y parecer delante de desconocidos con los que te une algo. Apenas algo circunstancial pero admiran lo que dices aunque lo digas con códigos diferentes o en tono de voz diferente, diferente acento (como tó'n la vida) o diferentes formas.

Todo ese cúmulo de ideas y preocupaciones no me valieron más que para reconocer lo simple que es la vida si nos dejamos llevar. Listos. Preparados. Con una previa idea del tema. Pequeña, pequeñísima noción.

¿Y si en todos los campos funciona así? ¿y si sobre pensar y analizar las cosas sólo arranca carcajadas en los erguidos?

Muchas preguntas para tanta certeza, demasiadas ganas para tan poco espacio, pero mucho, muchísimo espacio que aún me separa de la parte que más extraño. Mi otra, diferente e idéntica parte.

"Ja vorem", fue lo último que oyeron.

"Vá por tí" fue lo último que dije.

Friday, January 22, 2010

Dual. O no.


Una de las discusiones más entretenidas que tuve el año pasado comenzó en la cafetería de la facultad de filología, recuerdo que era enero porque la humedad se escurría por entre las aulas, yo terminaba de descubrir la delicia en lo simple gracias a unas rosquilletas de chocolate y me encerraba en mi improvisado escritorio donde una pantalla me transportaba a los apuntes de la clase anterior.
De la nada, como en las grandes tramas, apareció un chico cuyo novio estudiaba conmigo. Me buscó la mirada y entre intentos fallidos de defender mi privacidad lo invité a sentarse conmigo.
Esta parte aparece borrosa, tal vez ejercí un rol protagónico, tal vez me comporté como reportera expectante, sólo sé que nos estancamos en el tema Petrarca.
Apasionado él.
Un hombre enamorado de otro que defendía el romanticismo elegante dentro de un contexto que aún no entendía. Yo hace un año pensaba que el amor de Petrarca era conformista, lejano, que crecía entre persianas y se alimentaba de pretextos. Yo pensaba que un amor con peros era, en definitiva, un insulto a la esencia del mismo.

Que amar es nunca decir lo siento.

Él, en casi 45 minutos de espera, me contó una historia de terror con final feliz, fue como el borrador de un híbrido guión despreciado por la crítica, despreciado por no seguir un patrón comercial.

No me gusta lo comercial. Lo comercial me intimida y lo evito.

Básicamente, su tenor era defender un amor imperfecto y a la vez hermoso dentro de su imperfección. Ideas como esas no son fáciles de asimilar, ¿Lo más hermoso puede ser imperfecto? ¿Sería necesario que falle algo para hacerlo completo? ¿Y si es perfecto está condenado a no ser lo más elevado?
No entendía el trasfondo. Cuando no entiendo algo lo dejo reposar hasta que el blink se manifiesta justo frente a mis ojos.
Tanto reposó que casi lo dejo olvidado.
El blink tardó un año y hoy, mientras revisaba documentos pasados encontré en un archivo sin título:

"Además ahora, parece que debo tener un mundo ideológico en mi contra para reconocer el amor imperfecto. Resulta que esa imperfección es apasionante para muchos, yo no quiero pasión mediocre, Señorito Petrarca"

Quien escribió eso estaba claramente confundida, hoy lo vé todo en múltiples dimensiones, camina oliendo cada paso, escuchando cada detalle, se ha dejado ser, estar y parecer.
Irónico, lo sé. Pero ahora lo entiendo.
Y es maravilloso comprenderlo justo cuando debo, justo cuando me hace falta, ¡Amar claro que es decir lo siento! Es equivocarse una y otra vez sin querer hacerlo, sufrir por detalles que hieren al amado sin percibirlo, sufrir de corazón y sentir la propia ausencia en pecho ajeno. Es tormenta compartida, es darse paz y permanecer en medio de la guerra, saber que siempre tras un ceño fruncido hay un beso esperando paciente. Conocer tus lados oscuros a través del otro y verte plenamente, aceptado en lo humano y lo divino, reconociéndose una y otra vez tras la neblina que el mundo crea permanentemente. Amar es un constante querer, donde una propia existencia no es suficiente para ser a plenitud. Donde la boca del estómago reclama algo que no está al alcance de tus manos y que es imposible llenar a menos que estés.

No estás.

La imperfección está presente cuando no estás aquí. Cuando no estoy allá. La imperfección que genera sed de tí, sed de intentarlo incansablemente hasta que de llegar a tanta profundidad terminemos absorbidos por eso que creamos por y para nosotros.

"Bendito sea el año, el mes, el día"
Si, lo sé!! lo sé, lo sé! Lo cito, porque sin ese año, mes y día no hubiera entendido su soneto. Bendito entonces éso y todo, todo lo demás!!!

Wednesday, January 20, 2010

Y así cada noche.


A esta hora la noche empieza a hacerse pesada, su oscuridad nos empieza a llenar desde dentro y su relativo silencio conquista lo indeterminado. Un brevísimo resumen del día pasa a toda velocidad por nuestros ojos y nos hace sonreir sin poner los ojos chinitos, una sonrisa nada apasionada, una que no nace de dentro sino de sentirnos pieza clave de un hoy casi convertido en ayer.
Ahora es cuando hay permiso para la fantasía, robar horas de sueño para el deleite de los recuerdos, a la re-creación de cada instante detenido en un tiempo inventado para servir de enlace.
Mi enlace es un caminito de piedras donde la noción de distancias y posiciones aparece borrosa, irrelevante, donde el océano se hace puente, donde vivo en dos dimensiones, entre lo invisible y palpable, lo visible y transparente, donde, entre metáforas como el viento y el aroma te haces real, te haces posible dentro de lo irracional regalándome un poco de vitalidad para dormir.
Las horas pasan de puntitas por mi habitación, mis sueños se quedan despiertos a tu lado, mis más lindos abstractos se quedan contigo para habitar en tí hasta que vaya a buscarlos. Hasta que cambie un enlace rocoso por uno que combina deliciosamente mis más deseados intangibles con mi tan añorado tú.

Así duermo, robándote en una frase, en una certeza. Tomándote prestado aunque te sienta enteramente mío. Lo eres. Tú, mi mayor realidad.

Tuesday, January 19, 2010

Buenos días. Siempre buenos.


Hoy desperté con muchas cosas que decir, no sabría explicar con exactitud qué, pero tenía mucho esperando salir. Así que no desperté sola, ellas, todas esas palabras con ansias de vida, me despertaron para recordarme que a las 5 de la mañana no eres bienvenida ni en el auricular de la facultad ni en el del mejor amigo.

En verano, las 5 de la mañana es una buena hora para escuchar el silencio a todo volumen; en invierno nada es predecible, las 5 de la mañana es la hora en la que te das cuenta que las cosas dejaron de ser lo que deberían y son lo que siempre fueron, vistos sin rellenos ni marcos, vistos a plenitud. A las 5 de la mañana sólo queda cerrar los ojos y engañar a una inteligencia adormecida, esconderte bajo una fría almohada, amando que esté fría y odiando que esté sola.

De pronto, con los ojos cerrados y plenamente despierta empecé a ver todo un poco más claro, me ví tumbaba en la cama, dando la espalda al techo, aferrándome a una suavidad blanca complétamente inerte que lejos de acompañar, adorna la soledad. Me ví pequeñísima y con infinitas ganas de salir corriendo sin rumbo, conmigo de la mano a descubrir la razón de un desvelo que promovería tal vez una sonrisa a media mañana, tal vez un cansancio duradero. Poco importaba.

Supongo que me cansé de tener los ojos cerrados y clasificar los sonidos que morían antes de nacer, así que, un poco más tarde de lo habitual desperté para quedarme en el invierno. Al salir de casa mi invierno estaba donde lo había dejado la noche anterior. La misma calle húmeda sin vecinos madrugadores, el mismo árbol de la esquina que aunque no me corta el paso me gusta rodear. A lo lejos, dos deportistas con mallas. Sonrío relacionando “transparente” y “ajustado”.

…un día más, uno menos después de todo.

Monday, January 18, 2010

Allá vamos!

Vengo huyendo medio en serio medio en broma de un blog algo cansado de esperar mi buen humor.

Me lo prometí hace unas semanas y aquí estoy, empezando de un punto muerto, intentando no perderme en mi propia introducción, aunque a decir verdad no lo intentaré demasiado.

Te he nombrado con cariño, descrito en silencio y vestido a mi gusto. Me gusta cómo te queda el verde y me apasiona pensar que muchos sólo verán la superficie, cuando, por más desagradable que parezca el fertilizante, lo del interior es lo que te hace tan verde, tan brillante y tan mío. Por eso no voy a dejarte sonriendo sin nada que decir, de eso ya tuvimos bastante y te juro que no nos gustó, así que déjame tintarte de negro y plasmar en ti partecitas mías.

Te citaría el final de Casablanca pero por hoy ya te he halagado demasiado, demasiado para no ser de mi entera creación